19 noviembre, 2012

El curso de la Vida

   Históricamente, las sociedades tradicionales sentían un gran respeto por las personas ancianas, donde la opinión de los mayores tenía un gran peso dentro de las familias, incluso ellos eran los que tenían la última palabra, por qué se los consideraba personas sabias debido a su larga experiencia. 
  
  Asimismo, el hecho de tener más edad significaba tener un estatus muy elevado, y  únicamente las personas ancianas tenían ese poder frente a cualquier individuo. Por el contrario, en la actualidad las personas mayores han perdido esa autoridad tanto en la familia como en la comunidad social. La sociedad interpreta que al estar retirados de la vida laboral, son personas poco productivas y con una actitud pasiva. Además su prestación suele ser menor que cuando trabajaban y, por consiguiente, la pobreza acompaña la vejez.

  Al mismo tiempo, la jubilación en la actualidad puede traer consecuencias para las propias personas ancianas ya que puede resultarles muy difícil sentirse felices en la última etapa de su vida, al no convivir con sus hijos y por lo tanto, el sentimiento de soledad o vacio es muy común en ellas y también el hecho de  haberse retirado de su vida laboral, las hace sentir poco útiles. Además la sociedad asocia a la vejez un estado de salud débil, caracterizado por la gran cantidad de enfermedades que puede conllevar o una salud física con menos agilidad y más dolores, etc. En conclusión,  socialmente se considera una etapa de dependencia llena de tristeza y  diversas problemáticas.

Sin embargo, es preciso dar a conocer y al mismo tiempo romper con estas creencias que se han fijado en nuestra sociedad respecto a la percepción que se tiene de la vejez. Existen muchas personas que alcanzan la vejez en un estado muy saludable y una vida llena de nuevas experiencias debido a una actitud activa y positiva. En definitiva, bajo nuestro punto de vista, creemos que la sociedad no debe caer en el error de generalizar la vejez como una etapa negativa. 


Es preciso pensar  que cada persona, como ser único, se encuentra en una etapa más, y por lo tanto es necesario pensar que cada etapa se caracteriza por sus capacidades, pero también por sus problemáticas, pero sin juzgar si éstas son mejor o peores, por qué simplemente son diferentes. Creamos pues, que el envejecimiento puede ser una experiencia gratificante y satisfactoria, y que si se da la ocasión de que este período está lleno de dolor físico y aislamiento social, como ciudadanos y familiares debemos comprometernos a mejorar su estado, llenando de vida este último trayecto.



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