Históricamente, las sociedades tradicionales sentían un gran
respeto por las personas ancianas, donde la opinión de los mayores tenía un
gran peso dentro de las familias, incluso ellos eran los que tenían la última
palabra, por qué se los consideraba personas sabias debido a su larga
experiencia.
Asimismo, el hecho de tener más edad significaba tener un estatus
muy elevado, y únicamente las personas ancianas tenían ese poder frente a
cualquier individuo. Por el contrario, en la actualidad las personas
mayores han perdido esa autoridad tanto en la familia como en la comunidad
social. La sociedad interpreta que al estar retirados de la vida laboral, son
personas poco productivas y con una actitud pasiva. Además su prestación suele
ser menor que cuando trabajaban y, por consiguiente, la pobreza acompaña la
vejez.
Al mismo tiempo, la jubilación en la actualidad puede traer
consecuencias para las propias personas ancianas ya que puede resultarles muy
difícil sentirse felices en la última etapa de su vida, al no convivir con sus
hijos y por lo tanto, el sentimiento de soledad o vacio es muy común en ellas y
también el hecho de haberse retirado de su vida laboral, las hace sentir
poco útiles. Además la sociedad asocia a la vejez un estado de salud débil,
caracterizado por la gran cantidad de enfermedades que puede conllevar o una
salud física con menos agilidad y más dolores, etc. En conclusión, socialmente
se considera una etapa de dependencia llena de tristeza y diversas
problemáticas.
Sin embargo, es preciso dar a conocer y al mismo tiempo romper con
estas creencias que se han fijado en nuestra sociedad respecto a la percepción
que se tiene de la vejez. Existen muchas personas que alcanzan la vejez en un
estado muy saludable y una vida llena de nuevas experiencias debido a una
actitud activa y positiva. En definitiva, bajo nuestro punto de vista, creemos
que la sociedad no debe caer en el error de generalizar la vejez como una etapa
negativa.
Es preciso pensar que
cada persona, como ser único, se encuentra en una etapa más, y por lo tanto es
necesario pensar que cada etapa se caracteriza por sus capacidades, pero
también por sus problemáticas, pero sin juzgar si éstas son mejor o peores, por
qué simplemente son diferentes. Creamos pues, que el envejecimiento puede ser
una experiencia gratificante y satisfactoria, y que si se da la ocasión de que
este período está lleno de dolor físico y aislamiento social, como ciudadanos y
familiares debemos comprometernos a mejorar su estado, llenando de vida este
último trayecto.
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