Esta es la
historia de Lourdes y Francisco, una pareja de 78 años que viven en una ciudad
llena de gente donde ellos, realmente se sienten solos.
Ambos están tristes, mientras Francisco se pasa 19 horas al día en la
cama, Lourdes se las pasa frente a la televisión apagada, desconectada del
mundo recordando aquellos tiempos de guerra, en los que a pesar de las dificultades
y del miedo, siempre había momentos de sonrisas y felicidad.
De repente, suena
el timbre del reloj del horno, Lourdes vuelve a la realidad y reflexiona sobre
aquellas dificultades que pasó en la guerra, y qué paradoja, que para ella la
guerra todavía no ha acabado, pues en la actualidad su marido y ella deben
enfrentarse a una gran batalla de supervivencia; la crisis.
Cobran la pensión
mínima, con la que tienen que vivir y además ayudar a sus familias. No
entienden cómo la sociedad puede vivir así, no entienden cómo cambian las cosas
tan rápido, no consiguen entender que vivamos tan mal cuando
"aparentemente" lo tenemos todo…
Esa tarde, tomando el té con Lourdes, mientras conversábamos sobre la vida, ella nos comentó algo que ahondó en los más profundo de nuestro corazón. Lourdes a veces no encuentra sentido a la vida, su marido Francisco solo espera que pase el tiempo, se dan cuenta que los años pasan y no precisamente en vano, y ella continua luchando a pesar de todo con una actitud optimista.
A pesar de sentir
que no encajan en esta realidad tan moderna y tan líquida, se
sienten “patosos”, y a la vez felices, por estar rodeados de sus familiares,
los que les dan fuerzas y motivos para tener una ilusión por la que vivir.
Entre pastas y té,
Lourdes comparte con nosotras el deseo por ser bisabuela, sin embargo,
tiene miedo de que nunca pueda conocer a sus bisnietos porque bajo su punto de
vista, los jóvenes de hoy en día van a otro ritmo, un ritmo más lento, pero que
reconoce que es más cómodo y seguro.
Finalmente, y a
modo de conclusión, tienen la percepción que la sociedad no les tiene en
consideración pues les exige vivir al mismo nivel, cuando su situación
personal, económica y social es muy diferente. Una sociedad que les está
exigiendo cosas que ya pagaron con sus años de vida, trabajo, guerras y demás…
solo esperan que las cosas se calmen y que sus nietos puedan tener un futuro
mejor, dicen que cada día la vida mejora, pero que estamos en un punto que no
se sabe si volveremos atrás o seguiremos evolucionando.
Este interrogante
les produce cierta inquietud e incertidumbre, ya que una de las características
de la sociedad líquida en la que vivimos, es el misterio del mañana.
Así que, como
dicen a menudo nuestros mayores, "el tiempo dirá", y nosotras
queremos añadir que a pesar de las dificultades, animar a la gente a que
"al tiempo, ¡una buena sonrisa!"
Esta es la historia real de una pareja que intentan vivir, según ellos como pueden y con la alegría que les produce pasar el tiempo con sus seres más queridos.
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